Redacción · Agosto 2026 · Opinión

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BRICS: uno de los principales espacios de concertación del mundo en desarrollo

La revista Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de La Plata publicó la extensa entrevista que le hizo nuestro compañero Sebastián Schulz, secretario de redacción de la revista, al embajador Hugo Juan Gobbi. Segunda parte.

3. Usted ha identificado al surgimiento de los BRICS como una expresión institucional de los cambios en la distribución del poder mundial. ¿Qué balance hace hoy del bloque? En un contexto internacional en el que las instituciones multilaterales se encuentran profundamente cuestionadas, debilitadas y con crecientes dificultades para cumplir eficazmente sus objetivos, el foro BRICS+ ha experimentado un desarrollo muy significativo.

– A grandes rasgos, los BRICS constituyen un foro de naturaleza intergubernamental que desempeña dos funciones principales: por un lado, coordinar posiciones para incrementar la influencia de sus miembros en el sistema internacional y, por otro, promover la cooperación entre los Estados que lo integran. Asimismo, el foro se sustenta en un amplio consenso interno en torno a principios como el pleno respeto de la soberanía de los Estados, la no injerencia en los asuntos internos y la promoción de un multilateralismo más inclusivo. Del mismo modo, los BRICS aspiran a representar los intereses del denominado Sur Global dentro del orden económico internacional.

Para valorar objetivamente la evolución del foro resulta necesario comparar sus orígenes con su situación actual. Cabe recordar la escasa significación que tenían los BRIC en el momento de su creación, durante una reunión informal de los ministros de Relaciones Exteriores de Brasil, Rusia, India y China, celebrada al margen de la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2006. Contrastar aquella realidad con la actualidad permite apreciar el largo camino recorrido por el grupo.

En esa reunión ministerial se acordó establecer un mecanismo de coordinación política e intercambio de información destinado a fortalecer la actuación conjunta en los organismos e instituciones multilaterales. En ese momento, el foro era poco más que una idea inspirada en el concepto elaborado por el entonces economista jefe del banco de inversión Goldman Sachs, quien había identificado a esos países como las economías con mayor potencial para impulsar el crecimiento mundial en las décadas siguientes.

En aquel entonces, el grupo aún no incorporaba a Sudáfrica como miembro pleno y la Federación de Rusia seguía formando parte del G8, aunque ya manifestaba un creciente descontento por considerar que continuaba excluida de los principales procesos de toma de decisiones internacionales.

En 2006 resultaba impensable establecer una comparación seria entre los BRIC y el G8, que disponía de una abrumadora superioridad económica, tecnológica, financiera y militar. El G7-G8, creado a mediados de la década de 1970, coordinaba e influía decisivamente sobre las principales instituciones del orden internacional liberal —la OCDE, el FMI, el Banco Mundial, la OMC y la OTAN, entre otras—. Además, gozaba de una sólida cohesión interna, sustentada tanto en el liderazgo ejercido por Estados Unidos como en la convergencia de intereses entre sus miembros.

Los BRIC, por el contrario, estaban integrados por cuatro países geográfica y económicamente desvinculados, con niveles de desarrollo muy diferentes, tradiciones políticas y culturas profundamente diversas. A ello se sumaban relaciones bilaterales marcadas, en algunos casos, por la desconfianza y la rivalidad, como ocurría entre Rusia y China o entre la India y China. Sus principales vínculos políticos, económicos, tecnológicos y culturales se orientaban hacia Estados Unidos y la Unión Europea. En ese contexto, pocos podían imaginar que aquella modesta iniciativa, sembrada en un terreno aparentemente poco propicio, llegaría a convertirse en uno de los principales espacios de concertación del mundo en desarrollo.

Para analizar esta evolución conviene distinguir dos dimensiones. En primer lugar, la transformación experimentada por los Estados que integran los BRICS+, cuyas crecientes capacidades nacionales explican buena parte del fortalecimiento del foro. En segundo término, el desarrollo institucional de la agrupación y su contribución tanto al fortalecimiento de sus miembros como a la profundización de la cooperación entre ellos.

A continuación se presentan algunos indicadores económicos que ilustran la creciente importancia de los Estados miembros de los BRICS+, reconociendo que, como ocurre en toda organización internacional, el poder y la influencia del foro derivan, en gran medida, de las capacidades acumuladas por los países que lo integran.

Comparemos ahora la situación de 2006 con la actual a partir de los datos del Fondo Monetario Internacional (FMI), tomando como referencia algunos de los principales países miembros de los BRICS y comparándolos con los Estados del G7.

En términos de producto bruto interno medido en dólares corrientes, la República Popular China tenía en 2006 una economía de menor tamaño que las de Alemania y Japón, y representaba aproximadamente la quinta parte de la economía de los Estados Unidos. Por su parte, la República de la India poseía una economía inferior a la cuarta parte de la japonesa y apenas equivalente a un tercio de la del Reino Unido.

En la actualidad, la situación es sustancialmente diferente. Medido en dólares corrientes, el producto bruto interno de China representa aproximadamente dos terceras partes del de los Estados Unidos y supera en más de cuatro veces al de Alemania y en casi cinco veces al de Japón. A su vez, la economía de la India ya supera, en términos nominales, a las del Reino Unido y Japón.

Las diferencias resultan aún más significativas cuando la comparación se realiza utilizando el indicador de paridad de poder adquisitivo (PPA). Bajo este criterio, la economía china supera en aproximadamente un 25 % a la de los Estados Unidos y alcanza un tamaño cercano a siete veces el de Alemania o Japón. Por su parte, la economía india es actualmente casi tres veces mayor que la japonesa y alrededor de cuatro veces superior a la del Reino Unido.

Las estimaciones del FMI indican que, medidas en PPA, la economía de China supera los 40 billones de dólares internacionales, frente a algo más de 30 billones correspondientes a los Estados Unidos. La India ocupa el tercer lugar mundial con un producto cercano a los 18 billones; Rusia se ubica en el cuarto puesto con más de 7 billones; Indonesia en el séptimo, con alrededor de 5 billones; y Brasil en el octavo, con una magnitud similar. En consecuencia, cinco de las diez mayores economías del mundo, medidas en paridad de poder adquisitivo, pertenecen actualmente a los BRICS.

Con sus diez miembros plenos, los BRICS+ representaban en 2025 aproximadamente el 50 % de la población mundial, mientras que los países del G7 concentraban apenas el 10 %. En términos económicos, los BRICS+ generaban más del 42 % del producto mundial medido en PPA, en tanto que la participación del G7 se había reducido a alrededor del 29 %.

Debe destacarse, además, que esta brecha continúa ampliándose debido al mayor dinamismo económico de los países miembros de los BRICS. En 2024, las cinco economías de mayor crecimiento dentro del G20 fueron, precisamente, miembros del grupo: India (6,7 %), China (5 %), Indonesia (5 %), Rusia (4,1 %) y Brasil (3,4 %). En 2025, las tres economías de mayor crecimiento del G20 volvieron a ser India, Indonesia y China, seguidas por Turquía y Arabia Saudita, dos países frecuentemente mencionados como posibles futuros integrantes de los BRICS.

Al dinamismo económico y al peso demográfico de los países miembros de los BRICS+ se suman otros atributos de poder de considerable importancia, entre ellos la dimensión territorial de varios de sus Estados, sus capacidades militares y su creciente desarrollo científico y tecnológico.

Cabe recordar, asimismo, que cuatro de los siete países con mayor superficie territorial del mundo pertenecen a los BRICS. Aunque los Estados Unidos continúan manteniendo una clara superioridad militar a escala global, debe señalarse que el grupo incluye tres potencias nucleares con capacidad estratégica autónoma y tres de los cinco ejércitos más poderosos del mundo: China, Rusia e India.

Tampoco puede dejar de mencionarse el desarrollo científico y tecnológico alcanzado por varios de los países miembros, particularmente China, la India y Rusia. En este ámbito, los BRICS han contribuido de manera significativa a fortalecer los mecanismos de cooperación científica, tecnológica y de innnovación entre sus integrantes.

En definitiva, el creciente peso específico de los Estados que integran los BRICS constituye uno de los principales factores que explican la transición desde un sistema internacional unipolar hacia otro de carácter multipolar. El foro BRICS es, al mismo tiempo, una expresión de esa transformación estructural y un instrumento que contribuye activamente a consolidarla.

Un aspecto menos destacado de los BRICS, pero que amplifica considerablemente su influencia, es que sus Estados miembros ejercen un papel de liderazgo en diversos procesos de integración, coordinación y cooperación regional. Ello incrementa su capacidad de incidencia en el sistema internacional y, al mismo tiempo, fortalece la posición de cada uno de ellos dentro de sus respectivos espacios regionales. La posibilidad de que los países que ejercen la presidencia de los BRICS inviten a socios regionales a las cumbres constituye, además, un valioso canal de diálogo entre distintas economías emergentes.

Los países miembros de los BRICS lideran diversos esquemas de integración y cooperación regional, entre ellos el MERCOSUR, la ALADI y la CELAC (Brasil); la Asociación Económica Integral Regional (RCEP), impulsada por China e Indonesia; la ASEAN (Indonesia); la Liga Árabe (Egipto); la Unión Africana (Sudáfrica y Etiopía); la Organización de Cooperación de Shanghái (China, India y Rusia); la Unión Económica Euroasiática (Rusia); y la Iniciativa de la Bahía de Bengala para la Cooperación Técnica y Económica Multisectorial (BIMSTEC), encabezada por la India.

Otro aspecto poco mencionado es que los BRICS representan también a las grandes “sociedades vivientes”, según la clasificación de Arnold Toynbee, quien distinguía las sociedades occidental, ortodoxa, islámica, hindú y del Extremo Oriente. Con excepción de la occidental, todas ellas encuentran representación dentro del foro.

Samuel Huntington profundiza esta clasificación al identificar ocho grandes civilizaciones, incorporando, por ejemplo, una civilización latinoamericana y otra africana subsahariana. Desde esta perspectiva, puede afirmarse que los BRICS reúnen a Estados representativos de la mayor parte de las principales civilizaciones contemporáneas: Brasil representa a América Latina; China, a la civilización sínica; la India, a la hindú; Rusia, a la ortodoxa; Sudáfrica, al África subsahariana; Egipto y los Emiratos Árabes Unidos, al mundo árabe; Etiopía, a una tradición cristiana semítica; Irán, al islam chiita; e Indonesia, al sudeste asiático y al islam sunita.

Cabe destacar que los BRICS han convertido su heterogeneidad interna en uno de sus principales activos. El foro sostiene que esa diversidad refleja la realidad de un mundo crecientemente multipolar y constituye una fortaleza para promover la cooperación internacional. En este sentido, el hecho de que tres de las cuatro mayores democracias del mundo formen parte del grupo, junto con otros Estados que poseen sistemas políticos diferentes, no es considerado una debilidad, sino una expresión del principio de respeto a la soberanía nacional y de no injerencia en los asuntos internos.

Debe recordarse que, en el momento fundacional del foro, el principal eje de la política exterior de sus miembros se orientaba hacia las relaciones con los países desarrollados, mientras que los vínculos entre ellos eran todavía limitados. Esta situación comenzó a modificarse a partir de 2011, cuando los BRICS iniciaron una etapa orientada a profundizar la cooperación intragrupo.

Esta nueva dimensión transformó progresivamente la naturaleza del foro. Los BRICS dejaron de ser únicamente un espacio de coordinación política destinado a influir sobre la agenda internacional y a mejorar la representación de sus miembros en la gobernanza global, para convertirse también en un mecanismo de cooperación con dinámica propia, no subordinado exclusivamente a su relación con el orden internacional occidental.

Para desarrollar esta segunda dimensión, los BRICS debieron superar numerosos obstáculos. Sus miembros estaban plenamente integrados en el orden económico liberal, mantenían intercambios relativamente reducidos entre sí, existía un conocimiento limitado de sus respectivas instituciones y presentaban importantes diferencias culturales, políticas, administrativas y de intereses nacionales. Asimismo, los contactos entre sus administraciones públicas, sectores empresariales y sociedades eran todavía escasos.

Con el propósito de superar estas limitaciones, el foro impulsó una extensa red de mecanismos de diálogo y cooperación. Se establecieron reuniones ministeriales en prácticamente todas las áreas de gobierno, instancias de vinculación entre los sectores empresariales, espacios de intercambio entre organizaciones de la sociedad civil y encuentros parlamentarios y técnicos de distintos niveles. En la actualidad, cada presidencia organiza más de un centenar de reuniones a lo largo del año.

Debe destacarse que este proceso favoreció un mayor conocimiento mutuo entre las autoridades gubernamentales, las administraciones públicas y las sociedades de los países miembros, permitiendo identificar múltiples oportunidades de cooperación. Como consecuencia, se desarrollaron iniciativas en los ámbitos político, económico, financiero, científico, tecnológico, cultural y educativo, acompañadas por un crecimiento sostenido del comercio intragrupo.

Contrariamente a lo que suele suponerse, la política exterior de la administración Obama no fue especialmente favorable al desarrollo de los BRICS. La administración estadounidense privilegiaba la diplomacia multilateral y el fortalecimiento de las instituciones internacionales, al tiempo que concentraba sus esfuerzos en la recuperación económica tras la crisis financiera global. Esa actitud alimentaba la expectativa de que el orden internacional podía reformarse desde dentro, reduciendo el incentivo para que los BRICS desarrollaran instituciones alternativas.

En 2014 se creó la principal institución del grupo: el Nuevo Banco de Desarrollo, destinado al financiamiento de proyectos de infraestructura en los países miembros. Ese mismo año se estableció también el Acuerdo de Reservas Contingentes, un mecanismo dotado con 100.000 millones de dólares para asistir a los miembros ante eventuales problemas de liquidez. No obstante, este instrumento aún no ha sido utilizado.

De este modo, los BRICS comenzaron a configurar, aunque todavía de forma incipiente, una arquitectura financiera paralela al sistema surgido de Bretton Woods, articulado en torno al Banco Mundial y al Fondo Monetario Internacional.

La expulsión de Rusia del G8 tras la anexión de Crimea reforzó aún más la cooperación dentro de los BRICS. Al quedar excluida de los principales mecanismos de coordinación con Occidente, Moscú concentró mayores esfuerzos en el fortalecimiento del foro. A partir de entonces, la creciente presión externa contribuyó a profundizar la cooperación entre los miembros y a consolidar institucionalmente al grupo.

Finalmente, la ampliación de los BRICS a diez miembros plenos —con la incorporación de Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Etiopía, Indonesia e Irán—, así como la creación de una nueva categoría de países asociados para dar respuesta al interés manifestado por otras economías emergentes, constituye una clara evidencia del creciente atractivo y de la relevancia internacional que ha adquirido el foro.